martes, 24 de febrero de 2009

Recuerdos de un lugar llamado Catia


El crimen ecológico del Siglo en Caracas
Marcial Barrios

Maracapana es según algunos historiadores la planicie del valle de Caracas donde se libró la última batalla entre el ejército español y las fuerzas de resistencia indígena, lideradas por el cacique Tiuna, luego de un feroz combate de miles de personas, tambien conocido como la batalla de Maracapana, las tropas realistas lograron vencer bajo el mando de Diego de Lozada. Fundando así, la ciudad de Santiago de León de Caracas. Cuatrocientos años después, se desató una terrible batalla en el mismo lugar; esta vez, no en contra de las tribus caribes, sino en contra de la propia naturaleza, en manos de los hombres de la misma ciudad, se destruyó uno de los lugares más famosos de Caracas, La laguna de Catia… Pocos recordaran esa inmensa laguna que se situaba a las márgenes, del hoy conocido, Parque del Oeste, un lugar donde los caraqueños iban a pasear en canoas, bañarse y hasta disfrutar de una deliciosa bebida refrescante al frente del majestuoso valle de Caracas. “Nueva Caracas” fue el nombre con el que se bautizó el proyecto a mitad del siglo XX, el cual tenía como objetivo, transformar la zona en parte de la megalópolis que hoy existe, entre los planes desarrollistas y de modernismo se decidió eliminar a la laguna de Catia, secándola paulatinamente en sus principales vertientes y luego desaparecerla bajo el inclemente asfalto y concreto que ha caracterizado la historia del ser humano. Luego de varias décadas la compañía Metro de Caracas dio los últimos puntillazos que faltaban detectando las vertientes del nivel freático, para de una vez por todas eliminar lo que en otros tiempos fue una fuente de vida.

Pero ¿quien recuerda hoy la laguna de Catia?
La Laguna Inolvidable
A tres cuadras de la Plaza Sucre quedaba la famosa «Laguna de Catia», que hoy pocos recuerdan y muchos han sumergido en el vacío y la desmemoria. Aquel lago paradisíaco donde los caraqueños iban en tranvía a remar en pequeñas lanchas de alquiler o a tomarse un traguito en el bar «La Pulmonía», se transformó con el desarrollo de la megalópolis capitalina en un gran sumidero por donde perdimos el recuerdo de sucesos, personajes, nombres de ríos y recuerdos nocturnos de lejanas veladas, junto a un piano y una cuba libre animadas por la voz de cantantes como Bola de Nieve y Daniel Santos. Ambos cantaron en lugares nocturnos cercanos a la «Laguna de Catia». Tomado de Páginas Abiertas. Una publicación del Museo Jacobo Borges.

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