martes, 24 de febrero de 2009

Entrevista a Jorge Rodríguez Fundador de Catia

El señor Jorge Rodríguez de 88 años es habitante de Catia desde casi toda su vida, es hijo ilegitimo de Don Ruperto Lugo, por el cual se le da el nombre a este sector. Este hombre aun conserva la amabilidad de la época y los vivos recuerdos de la antigua Catia. En una casa muy acogedora con fotos y recuerdos de sus familiares y un terreno que conserva muchos árboles nos relata sus experiencias en cuanto al sector.

¿Cómo era la zona de Catia y sus terrenos?

En sus terrenos había siembras, las cuales tenían sus dueños, uno de estos un señor Alemán, hasta la calle Tovar era de una Familia apellidada Pérez, Pero el que más tenía terrenos era el de mi padre el señor Ruperto Lugo.

Más arriba en los Frailes estaba la familia perteneciente a Don Pepe Cazaña. Conocía toda Catia, hasta los Magallanes e igualmente la Avenida Sucre.

¿Cómo era su padre Don Ruperto Lugo?

Era muy bondadoso, todo el mundo lo conocía; por lo menos si se moría alguien o a una mujer se le murió el muchacho o el marido, y no tenían con que enterrarlo, entonces él le daba el dinero para que lo enterraran y ayudaba. Eso sí, él era muy mujeriego tenía como sopotocientas mujeres pero por lo menos si tu salías preñada de un hijo de él te daba tu diario todos los días para que comieras con tu muchacho y una casa para que no anduvieras rodando por ahí y así a todos los hermanos míos él les dio una casa.

¿Quién le dio el nombre de Ruperto Lugo a la zona?

La misma gente, por lo menos preguntaba ¿para dónde vas tú? A casa de Don Ruperto Lugo y así fue grabándose “para dónde vas, coge por la calle El Molino”. Por la calle Tovar vivía el señor Manuel Tovar, él fue el primero que fabricó allí y así se le fue dando el nombre.

Al Gato Negro, le colocaron así porque había un botiquín que tenía un gato negro pintado afuera y su dueño se llamaba Luis Padrón y le pusieron ese nombre y los Frailes se llama así porque habían unos curas allí unos frailes, subiendo por los 4 vientos hay una calle que se llama El Tanque, había un tanque grande por ahí por eso le pusieron así y siguiendo para abajo está la calle El Tranvía por que pusieron un tranvía, un taller.

A la calle el nacimiento le dicen así porque allí había una familia de apellido Velásquez como que era, que ponía el nacimiento todos los años y a la calle Tejería arriba por que existía una tejería ahí donde hacían ladrillos, panelas, tejas y el callejón la U por que los dueños de esos terrenos eran de apellido la U y tenían fabrica de jabón, la U brillantina, la U cosas para echarle al fijador y la quedo el nombre de callejón la U.

Yo vivía en otra casa que está por aquí atrás en la primera calle de Ruperto Lugo que dice por fuera Quinta Ana, que todavía se conserva allí y también los arboles era mi casa y cuando me case fue que me mude a la que estoy horita, si te asomas atrás de esta ves esa otra casa porque es el mismo terreno donde estoy.

Y donde vivo actualmente es la calle el Molino primera calle de Ruperto Lugo y se llamaba el molino porque al final de esta calle había un pendiente que tenía un molino y traía agua porque aquí no había grifo y si se coge hacia arriba esta la calle los Cuatro Vientos, por ahí había una calle que bajaba que le dicen la bomba y donde existió una bomba que surtía de agua la población.

Julieta Torres fue la esposa de Don Jorge.¿Cómo era Catia? Catia tiene un nombre indígena, le dicen así porque había una Tribu y estaba el cacique con este nombre, atrás de los Magallanes
estaba una laguna enorme, esa era la laguna de Catia, allí habían botecitos un sitio de recreación y especie de parque, habían una cuantas casitas por ahí tu vas por Catia y dice Nueva Caracas y el nombre de las calles. En la calle Argentina la primera casa que construyeron fue una casa de piedra que queda en una esquina, hoy en día es un una venta de cerámicas.

¿Cómo era la Avenida Sucre?

Era una calle de tierra llena de árboles, muchas veces las cloacas corrían, el clima era muy frio y a las tres ya no se veía nada por que empezaba a bajar la niebla y tapaba todo.

¿Usted llego a recorrer las montañas cercanas a Catia?

Si claro, se veían verdecitas por allá está el camino de los Españoles, tu coges por los Frailes y más arriba por donde llaman Macallapa pasas ese cerro y llegas al camino de los Españoles, y hacia la izquierda agarras para la Guaira; ese era el paseo de mi mama todos los fines de semana me canse de subir por allá, decía ella ¡mañana vamos a subir al cerro! el camino era empedrado y tenía las estaciones de Cristo, eso debe estar todavía. El camino va a tener desde la Puerta de Caracas hasta la Pastora, hay un busto un mausoleo como una placita donde están los restos de José Félix Rivas.

¿Cómo era la gente y el día a día?

Era tranquilo, mira uno podía dormir con la puerta abierta, se le daba posada a cualquiera a veces llegaba gente a donde mi madre y le decían “mire señora Ana deme posada esta noche” porque era gente que vivía muy arriba uno antes acostumbraba a tener un banco afuera y mi mama le decía “cómo no mijo” y le daba una almohada y una cobija y le preguntaba “usted comió” y si le respondían “no, no he comido” y decía “bueno no se acueste todavía”.

En las cocinas se cocinaba con leña y carbón y la nevera era una cuerda de una pared a la otra y ahí guindaban las hallaquitas, fíjate que hacia tanto frio que todo se conservaba, y se hacía mucho muchacho por ese frio también (entre risas) ¡hay cará! Mi mama tuvo 5 hijos, quedamos tres dos varones y una hembra; mi mamá se dedicaba a oficios del hogar.

Antes la vida era muy sabrosa, nadie se metía con nadie le dabas posada a cualquiera, ahora no amaneces sin cabeza. Tampoco habían inventado el vehículo, todo era una carreta y un caballo, mi papá andaba en un caballo; yo lo primero que maneje fue una carreta, claro yo aprendí a manejar también y trabaje alrededor de treinta años con un camión.

Cuando empezó a salir el teléfono, la televisión, eso fue una novedad, el teléfono era un disco, por lo menos tu ibas a llamar y para marcar el 143, marcabas el 1 y tenias que esperar que diera toda la vuelta ruum luego el otro ruum y entonces “halo por aquí yo, por allá quien”. El teléfono de mi papa que vivía aparte era 4770 y el de aquí era 4517.

¿Cómo fue el transito cuando empezó por aquí?

Bueno en el autobús cobraban una locha y había tranvía, que me llegue a montar también, bastante, cobraban media locha. El paseo era muy lento, el autobús era más rápido.

¿Qué es lo que hace que tu padre venda sus terrenos?

Que en un momento los invadían mucho, y vendió por ejemplo en donde actualmente están los edificios se vendió al banco obrero y la gente averiguando (entonces el viejo hace una pausa, por aquí todo el mundo le decía el viejo).

5 Bolívares era un dineral, el viejo empezó a vende 10 de largo por 26 de ancho, esas eran las medidas más corrientes, 20 metros de largo 30 como tu quisieras, bueno primera cuota 20 o 25 y después mensual cien bolívares que eso era un dineral. Entonces la gente como era un realero se ponían a hablar paja “ ese viejo de donde saco esos terrenos, ese viejo se cogió esos terrenos, se los robo eso era siempre y te voy a explicar algo, Hugo Chávez Frías lo ha dicho antiguamente cuando la guerra, cuando simón Bolívar que se acaba la guerra Federal pues y todo eso, como no había con que pagarle el te decía por ejemplo general García aquí no hay como medir y media con los pies un paso largo es un metro y siempre había problemas por que se equivocaba.

El que era vivo abría las piernas bien grandes, también median desde la mata aquella hasta aquel mango, que era bastante estos terrenos los cambiaban que si por unacarreta, por un caballo, por una mula o un chivo pero todo eso era de boca no existían papeles

¿Cómo fue la época de la dictadura?

No se podía ni hablar, cómo cualquier dictadura todas son iguales había que andar derechito no podías hablar mal del presidente, ahora no, ahora le faltan el respeto a Chávez.

¿Qué es lo que más extraña y añora de la caraca antigua?

Bueno chico la tranquilidad, la paz, la armonía y el amor todo. Tu pedías una dirección te la daban exactamente o iban contigo, ahora no, no puedes ni preguntar.

¿Qué es lo que más te gusta de la Caracas de hoy?

Antes de Caracas me gustaba todo ha cambiado, todo es problemático. Antes tu dormías con la puerta abierta tranquilamente, la gente era más bondadosa le dabas posada a cualquiera.

Joandy García y Joselin García

Cines de Catia

José Ramón Colmenares
Hace aproximadamente medio siglo, la gran diversión al alcance de todos los bolsillos de grandes y chicos, era disfrutar una buena película en una de las tantas salas de cine que existían en todas las parroquias de aquella inolvidable Caracas. Nuestra parroquia Sucre -o coloquialmente Catia, como se le conoce en toda la ciudad- no podía ser una excepción. En este lado de Caracas estaban ubicados once inolvidables locales que hacían la delicia de los cinéfilos de la época. Sus nombres, por lo general, eran tomados de las zonas donde estaban situados; así tenemos los cines Propatria, Pérez Bonalde, Los Flores y Miraflores. Los cines España y Méjico se podía visitar en la que fue la principal arteria comercial de catia, la preciosa avenida España. Hoy conocida como el Bulevar de Catia. El Bolívar, Venezuela y Variedades eran tremendas localidades. Destacando el cine Bolívar al ser considerado como uno de los mejores cines de Caracas, Distinguiéndose por su suntuosidad y confort. Todos ellos se encontraban en la siempre transitada avenida Sucre. El Esmeralda se ubicaba en la entrada de la gloriosa barriada Los Magallanes de Catia, nombre tomado de la querida divisa beisbolística, ya que sus muchachos hacían las prácticas en sus antiguos terrenos. El cine Catia lucía su marquesina dándole el frente a la Plaza Catia, llevando con orgullo el sencillo pero sonoro nombre del cacique indígena, con el cual se distingue popularmente nuestra amada parroquia. Para finalizar este nostálgico recuerdo quiero decir algo sobre el cine Variedades, fue el último de este selecto grupo.Inaugurado pocos meses antes de finalizar el gobierno del General Pérez Jiménez, el día 23 de enero de 1958. Días después, fue totalmente destruido por un costoso error del operador. Se exhibieron al público unos cortos o noticieros donde aparecía el General poniendo en servicio obras de su gobierno, entonces, estalló la indignación popular y el nuevo cine desapareció.
Tomado de Páginas Abiertas. Publicación del Museo Jacobo Borgues

Recuerdos de un lugar llamado Catia


El crimen ecológico del Siglo en Caracas
Marcial Barrios

Maracapana es según algunos historiadores la planicie del valle de Caracas donde se libró la última batalla entre el ejército español y las fuerzas de resistencia indígena, lideradas por el cacique Tiuna, luego de un feroz combate de miles de personas, tambien conocido como la batalla de Maracapana, las tropas realistas lograron vencer bajo el mando de Diego de Lozada. Fundando así, la ciudad de Santiago de León de Caracas. Cuatrocientos años después, se desató una terrible batalla en el mismo lugar; esta vez, no en contra de las tribus caribes, sino en contra de la propia naturaleza, en manos de los hombres de la misma ciudad, se destruyó uno de los lugares más famosos de Caracas, La laguna de Catia… Pocos recordaran esa inmensa laguna que se situaba a las márgenes, del hoy conocido, Parque del Oeste, un lugar donde los caraqueños iban a pasear en canoas, bañarse y hasta disfrutar de una deliciosa bebida refrescante al frente del majestuoso valle de Caracas. “Nueva Caracas” fue el nombre con el que se bautizó el proyecto a mitad del siglo XX, el cual tenía como objetivo, transformar la zona en parte de la megalópolis que hoy existe, entre los planes desarrollistas y de modernismo se decidió eliminar a la laguna de Catia, secándola paulatinamente en sus principales vertientes y luego desaparecerla bajo el inclemente asfalto y concreto que ha caracterizado la historia del ser humano. Luego de varias décadas la compañía Metro de Caracas dio los últimos puntillazos que faltaban detectando las vertientes del nivel freático, para de una vez por todas eliminar lo que en otros tiempos fue una fuente de vida.

Pero ¿quien recuerda hoy la laguna de Catia?
La Laguna Inolvidable
A tres cuadras de la Plaza Sucre quedaba la famosa «Laguna de Catia», que hoy pocos recuerdan y muchos han sumergido en el vacío y la desmemoria. Aquel lago paradisíaco donde los caraqueños iban en tranvía a remar en pequeñas lanchas de alquiler o a tomarse un traguito en el bar «La Pulmonía», se transformó con el desarrollo de la megalópolis capitalina en un gran sumidero por donde perdimos el recuerdo de sucesos, personajes, nombres de ríos y recuerdos nocturnos de lejanas veladas, junto a un piano y una cuba libre animadas por la voz de cantantes como Bola de Nieve y Daniel Santos. Ambos cantaron en lugares nocturnos cercanos a la «Laguna de Catia». Tomado de Páginas Abiertas. Una publicación del Museo Jacobo Borges.

sábado, 17 de enero de 2009

La Catia de Cabrujas

En mis primeros recuerdos, de seis o siete años, Catia era como campestre, la calle todavía era de tierra, iluminada por unos postes que daban una luz mortecina, muy provinciana.

Los alrededores eran todos pastizales y a quinientos metros de mi casa había vacas que pastaban y campesinos canarios que cuidaban sus pequeños huertos, vacas y chivos.

Cuando ya tuve doce o trece años, me entretenía subiendo con mis amigos los cerros cercanos, siempre en dirección a El Junquito, no creo que hayamos llegado nunca hasta El Junquito, pero esa era la vía que tomábamos.

Había allí una flora muy abundante, muchas flores amarillas, millones de cundeamor, violetas en cantidades increíbles y algunas plantitas misteriosas, como una que nosotros llamábamos «bomba», que terminaba en una especie de canutillo y si te la llevabas a la boca y la humedecías con la punta del lengua, luego de unos segundos explotaba, hacía ¡pac! Y soltaba las semillas. Si calculabas mal y te estallaba en la boca no te hería, pero sí sentías una molestia. Había también muchos lagartijos, verdes, amarillos, verdiamarillos, moteados de rojo, que circulaban por allí, y era un espectáculo atraparlos, meterlos en una botella, examinarlos, darles de comer. Y arañas, arañas de todo tipo, mariposas incontables, a veces de muchos colores, tornasoladas, pero generalmente aburridas mariposas amarillas que no llamaban la atención por lo corrientes. Eso era mi infancia, lo que no me hizo un hombre natural, ni un niño natural.

Yo transcurría por todos esos paisajes atormentado, no podía decir que era bello, no sería honesto conmigo mismo, o no lo sería con ese niño que cruzaba el paisaje sin notarlo (Milagros Socorro, Catia tres voces, Caracas: Fundarte, Colección «Rescate», Nº 12, 1994, p. 58)

jueves, 25 de diciembre de 2008

¿Por qué Catia?

La luz del ambiente es más clara, el cielo tiene un color más azul y el clima casi siempre es fresco, menos en diciembre que hace un frío bien sabroso o en semana santa que el calor es arrecho y los papagayos adornan el cielo. Los colores son más colores, es decir, el rojo es más rojo, el amarillo es más amarillo, el verde más verde es y la gente es más gente, las viejas que te protegían de chamo ahora te necesitan para que las protejas a ellas. Las esquinas de por aquí también son diferentes (aunque Ismael Miranda diga que “las esquinas son iguales en todos laos”), el ron que se toma en ellas es más sabroso. Conversar mil veces sobre el mismo tema con el mismo ánimo de la primera vez, celebrar la fortuna de algún vecino o lamentar la tragedia de otro y hacerse solidario con quien está en desgracia es la norma, te arrechas con cualquiera pero en la chiquita cuentas con esa gente, porque igual que tu lo harías, no te dejan morir, las jevas, el deporte, la pila de cocos…, bueno si sigo diciendo porque estoy enamorado de Catia no termino nunca. Siempre digo que ante todo soy de Caracas pero primero soy de Catia.

Jesús Arteaga

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Catia: Según Henry Rojas


Catia no es un sitio, no es un espacio; es un lugar, es una mirada, es un gesto, es un código. Los Catienses tenemos areté.

Igual tropiezas con el sudor del esforzado carretillero que con el del choro, que veloz marca su propia meta. Catia, la mia, ¿y cuál otra? Sí, yo soy yo, en ella. Catia, la encrucijada sideral del beso profundo, sexual, en un recodo del callejón, con el esfuerzo rebelde y libertario de combate sin fin.

Catia, mi canto, a no sé de cuántas mil voces. Tribuna de proxenetas, putas heroicas, mujeres de bronce y leche hacedoras de hombres de tierra, guarapo y arepa y, todo... Todo mezclado en las madrugadas, a donde falta de sol, brillan con su propia luz.

Y digo luz y no veo otra que la tuya Catia. Mortecina, cerosa, amarillenta, como la de todas tus calles nocturnas, donde cientos de sombras ruedan, caen y se levantan entre y uno y otro anillo de Dante; y, azarosas bracean de orilla a orilla, -¿o de esquina a esquina?- delgados pero fluidos ríos de alcohol.

Catia Kilombo, Catia trinchera, Catia maná, Catia tinta y pólvora. Catia el verbo primero...el eterno y divino conflicto.

Catia, donde Alí Baba reclutó a uno de sus 40 ladrones. Catia la cuidad de más 100 millones de habitantes, donde usted encuentra lo perdido... y, lo que no se le ha perdido también: elefantes blancos, balas de plata, hombre de 3 ojos y, mujeres que paren héroes y heroínas en partos morochos.

Yo que he amado a Catia, yo que he sido amado por Catia, les confieso que es como hacer el amor con una galaxia. No exagero, a decir verdad, no digo toda la verdad.

Catia, nunca es la misma Catia, cada día, a cada instante, Catia cambia de piel, de sexo, de mirada, de olor: ora de olor a café, ora olor a cloaca.

Catia, siéndoles honesto, no existe. Jamás ha existido. Catia es una leyenda. Catia es el Dorado.

En Catia, alguna vez hubo 3 cárceles con ilustres presos y presos sin lustre y también un cuartel y 2 mercados y una montaña y un mar y un sol y una luna; pero no el Sol ni la Luna ni el Mar ni la Montaña.No. Son los nuestros, singulares, particulares, propios. Ya se los dije, en Catia, todo es origen. "Al principio fue el verbo y, el verbo...Catia fue".

Catia, les dije que era un lugar, pero no, no lo es, Catia es un agujero negro, todo el que entra a ella ya no podrá salir jamás. Tinglado de negro con ojos azules; blanco de enormes bembas; indios sin guayuco. Catia, el ombligo del mundo.

Hechura del parcelero Henry Rojas