jueves, 25 de diciembre de 2008

¿Por qué Catia?

La luz del ambiente es más clara, el cielo tiene un color más azul y el clima casi siempre es fresco, menos en diciembre que hace un frío bien sabroso o en semana santa que el calor es arrecho y los papagayos adornan el cielo. Los colores son más colores, es decir, el rojo es más rojo, el amarillo es más amarillo, el verde más verde es y la gente es más gente, las viejas que te protegían de chamo ahora te necesitan para que las protejas a ellas. Las esquinas de por aquí también son diferentes (aunque Ismael Miranda diga que “las esquinas son iguales en todos laos”), el ron que se toma en ellas es más sabroso. Conversar mil veces sobre el mismo tema con el mismo ánimo de la primera vez, celebrar la fortuna de algún vecino o lamentar la tragedia de otro y hacerse solidario con quien está en desgracia es la norma, te arrechas con cualquiera pero en la chiquita cuentas con esa gente, porque igual que tu lo harías, no te dejan morir, las jevas, el deporte, la pila de cocos…, bueno si sigo diciendo porque estoy enamorado de Catia no termino nunca. Siempre digo que ante todo soy de Caracas pero primero soy de Catia.

Jesús Arteaga

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Catia: Según Henry Rojas


Catia no es un sitio, no es un espacio; es un lugar, es una mirada, es un gesto, es un código. Los Catienses tenemos areté.

Igual tropiezas con el sudor del esforzado carretillero que con el del choro, que veloz marca su propia meta. Catia, la mia, ¿y cuál otra? Sí, yo soy yo, en ella. Catia, la encrucijada sideral del beso profundo, sexual, en un recodo del callejón, con el esfuerzo rebelde y libertario de combate sin fin.

Catia, mi canto, a no sé de cuántas mil voces. Tribuna de proxenetas, putas heroicas, mujeres de bronce y leche hacedoras de hombres de tierra, guarapo y arepa y, todo... Todo mezclado en las madrugadas, a donde falta de sol, brillan con su propia luz.

Y digo luz y no veo otra que la tuya Catia. Mortecina, cerosa, amarillenta, como la de todas tus calles nocturnas, donde cientos de sombras ruedan, caen y se levantan entre y uno y otro anillo de Dante; y, azarosas bracean de orilla a orilla, -¿o de esquina a esquina?- delgados pero fluidos ríos de alcohol.

Catia Kilombo, Catia trinchera, Catia maná, Catia tinta y pólvora. Catia el verbo primero...el eterno y divino conflicto.

Catia, donde Alí Baba reclutó a uno de sus 40 ladrones. Catia la cuidad de más 100 millones de habitantes, donde usted encuentra lo perdido... y, lo que no se le ha perdido también: elefantes blancos, balas de plata, hombre de 3 ojos y, mujeres que paren héroes y heroínas en partos morochos.

Yo que he amado a Catia, yo que he sido amado por Catia, les confieso que es como hacer el amor con una galaxia. No exagero, a decir verdad, no digo toda la verdad.

Catia, nunca es la misma Catia, cada día, a cada instante, Catia cambia de piel, de sexo, de mirada, de olor: ora de olor a café, ora olor a cloaca.

Catia, siéndoles honesto, no existe. Jamás ha existido. Catia es una leyenda. Catia es el Dorado.

En Catia, alguna vez hubo 3 cárceles con ilustres presos y presos sin lustre y también un cuartel y 2 mercados y una montaña y un mar y un sol y una luna; pero no el Sol ni la Luna ni el Mar ni la Montaña.No. Son los nuestros, singulares, particulares, propios. Ya se los dije, en Catia, todo es origen. "Al principio fue el verbo y, el verbo...Catia fue".

Catia, les dije que era un lugar, pero no, no lo es, Catia es un agujero negro, todo el que entra a ella ya no podrá salir jamás. Tinglado de negro con ojos azules; blanco de enormes bembas; indios sin guayuco. Catia, el ombligo del mundo.

Hechura del parcelero Henry Rojas